martes, 11 de marzo de 2008

Demoledora respuesta

Le he ido a preguntar si necesita llegar al destino temprano para preparar la lógistica del viaje, me ha dicho que sí. Luego le he escrito un mail diciéndole que realmente la pregunta no tenía mucho sentido, pues la hacía para tener una excusa para dirigirme a ella.

He intentando ser gracioso pregutándole si la pregunta había parecido tener algún sentido... y su respuesta ha sido demoledora: "No, pero ni caso...".

Escueto mail, patada en los huevos por gilipollas.

No puedo negar la evidencia, estoy creando una gran bola de mierda en mi cabeza y ya sólo se me ocurren salidas poco razonables.

Putrefacción

Es agónico comprobar que mi convencimiento de poder estar con ella choca cada día con la realidad. Es posible que pudiera llegar a tener algo más que su cariño, pero si no puedo pasar ni un minuto a su lado lo único probable es que me acabe olvidando o, en el mejor de los casos, teniendo tan presente como cualquier otro mobiliario de la oficina.

Cuando estos pensamientos me asaltan intento soltar lastre emocional, pero en el cuarto de baño hay un pestazo aún más insoportable, así que ni llorar tranquilo puede uno.

El viaje

La angustia y la agonía va en aumento, incluso empiezo a temer perder el control en algún momento, sobre todo cuando apenas duermo un par de horas por el agotamiento que me provoca buscar la excusa para pasar un minuto a tu lado. La terapia está perdiendo efecto y la tentación de pedirte, no ya ser correspondido sino simplemente auxilio, va en aumento.

Mi única esperanza es que el azar, destino o lo que diablos mueva los hilos de los sucesos haga coincidir la petición de viaje de tu cliente con el día que me toca viajar a mí. He puesto de mi parte, he buscado el día más probable para ti, ahora mi esperanza está en un tabla de salvación, en forma de llamada telefónica, lanzada al mar por alguien a quién no conozco.

No sé rezar, pero si supiera elevaría plegarias para que al menos eso se me fuera concedido, pues en el pecado llevo mi penitencia, y en la consciencia de saber que todo esto es absurdo y sólo está en mi mente.

lunes, 10 de marzo de 2008

No hay comida, pero...

Tras un fin de semana espantoso, en el que no me la he podido quitar de la cabeza ni un instante, se me ha ocurrido una forma despreocupada de pedirle que comamos juntos. Para no mostrar mi absoluta desesperación le he dicho que tengo una semana complicada en el trabajo, con varias reuniones por la tarde y algún viaje, pidiéndole que me dijera qué día le venía mejor.

El resultado es que ninguno. Sin embargo parece que no es por nada personal, sino que su agenda sí que está complicada. Su mail de respuesta ha sido este:
"Uf, yo esta semana la tengo complicada porque, además de ir también de viaje un día, no se aún cuando. Mi partner está de viaje de trabajo y lo tengo complicado."

Entiendo que si su marido está de viaje se tengan que repartir el cuidado del niño, lo que le deja poco movimiento.

Así que lo que he hecho es intentar hacer coincidir su viaje con el mío. Es como jugar a los dados, con una probabilidad de 1 entre 4 (los días de esta semana). Me ha dicho que el miércoles no puede, así que he quitado ese día apra mi viaje: probabilidad de 1 a 3.

Aunque posiblemente tengamos compañía estaría cerca de ella un mínimo de cuatro horas, y aunque sea de charla intrascendente oír su voz me reconfortaría.

viernes, 7 de marzo de 2008

El aire de la UVI

¿Cómo se puede echar tanto de menos a alguien que sólo hace un par de horas que no veo? La idea de estar así todo el fin de semana me asfixia.

Acabo de presentar una solicitud de vacaciones para semana santa, prefiero estar lejos de ella y vivir asfixiado, como un enfermo en la UVI, que seguir respirando este aire envenenado de verla sólo unos minutos. Soñaré con ella, querré llamarla por teléfono, pero todo estará en mi cabeza y objetivamente nada me recordará su imagen.

Los enfermos en la UVI tienen dos opciones, o recuperarse o morir. Como esta segunda opción no la veo probable sólo queda recuperarme, con dolores, con angustia, con doble ración de terapia emocional, con máscara de oxígeno, pero no creo que pueda ser peor que esto.

Es una maldición sin salida, si no la veo me asfixio, si la veo y luego la dejo me hundo en mi propia mierda (y a ver quién respira bajo la mierda).

No saber qué decir

Me recibe esta mañana con una sonrisa, alarga la charla unos instantes, me llama para que hablemos del favor que le pedí... yo yo no sé que decir. Me he metido tanto en mi papel profesional, de no dejar vislumbrar nada de lo que llevo dentro, que cuando ella tiene ganas de charla (me habla del frío que hace, de sus catarros, de su niño...) yo no sé que decir. Mi mente está nublada ante sus ojos.

Hoy he estado absorto escuchando su voz, sus problemas al respirar, no necesitaba estetoscopio para oír sus bronquios... pero no he sabido articular palabra.

¿Hasta dónde es positivo aparentar normalidad? Desde luego si muestro mis sentimientos la aburriría, con lo que por esta vez supongo que no está mal, pero con las poquitas ocasiones que tengo para estar cerca de ella me jode infinito no poder hacer más que estar con las orejas tiesas.

jueves, 6 de marzo de 2008

Detener el tiempo

Mucho han escrito los científicos sobre los viajes en el tiempo, pero yo sólo he experimentado la sensación de ralentizarlo, prácticamente detener todo el movimiento y dejarlo correr a cámara superlenta.

Cuando entro cada mañana por la puerta me preparo para verte y cuando abro te veo sentada en tu mesa a varios metros. A partir de ese instante no veo más que tu cara.

El tiempo se ralentiza mientras hago mi camino, que lo vivo como un dulce nirvana, en el que no hay más pensamientos que tu imagen.

Cuando paso a tu altura el tiempo se acelera, pues tengo que girar la cabeza para no perderte de vista, pero siguiendo caminando hacia mi sitio.

Finalmente te pierdo de vista y caigo en el tiempo real, en el que tu imagen ya sólo está impresa en un recuerdo de muchos minutos, aunque apenas hubieran transcurrido unos segundos.